Argentina ante una nueva final: a este equipo hay que matarlo para poder ganarle, y ni así pueden ganarle

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La Selección Argentina volvió a demostrar que no se rinde nunca. Perdía con Inglaterra, estaba contra las cuerdas y encontró una vez más una respuesta desde el corazón, el carácter y el fútbol para meterse en una nueva final del mundo.

Hay equipos que ganan partidos. Hay equipos que juegan bien. Hay equipos que tienen grandes futbolistas. Y después está esta Selección Argentina, un equipo que parece necesitar estar al límite para demostrar de qué está hecho.

Porque cuando todo parece perdido, cuando el rival siente que tiene la victoria en sus manos, cuando el reloj empieza a jugar en contra, aparece algo que no se compra, que no se entrena y que no se explica solamente desde la táctica: el corazón.

Argentina volvió a escribir una página inolvidable en la historia de los Mundiales. Inglaterra la tenía contra las cuerdas. Le ganaba 1 a 0 en el segundo tiempo, tenía el partido controlado y soñaba con eliminar al campeón del mundo. Pero esta selección volvió a hacer lo que hizo durante toda esta Copa: resistir, luchar y encontrar una respuesta.

Primero apareció Enzo Fernández con un golazo para empatar un partido que parecía complicado. Después, en el momento más importante, apareció Lautaro Martínez para marcar el gol de la clasificación, luego de una asistencia de Lionel Messi. Otra vez en los minutos finales. Otra vez cuando más lo necesitaba.

Porque esta Argentina no se entrega.

Contra Cabo Verde sufrió hasta el final y terminó consiguiendo una victoria agónica. Contra Egipto parecía derrotada: perdía 2 a 0 y, en apenas 12 minutos, dio vuelta el partido con tres goles para ganar 3 a 2. Una reacción de un equipo que no acepta la derrota como destino.

Pitazo final. Messi festeja el pase a la final ante el desconsuelo de los jugadores de Inglaterra.

Pitazo final. Messi festeja el pase a la final ante el desconsuelo de los jugadores de Inglaterra.

Contra Suiza pasó algo parecido. Ganaba, se lo empataron y cuando parecía que el partido se iba al alargue con toda la presión encima, sacó fuerzas de donde no había. En el tiempo suplementario convirtió dos goles y cerró una victoria por 3 a 1.

Y ahora Inglaterra. Una potencia mundial, un rival con jerarquía, un equipo que estuvo a minutos de dejar afuera al campeón. Pero Argentina volvió a levantarse.

Este equipo tiene algo que va más allá del talento. Tiene agallas. Tiene personalidad. Tiene jugadores que entienden que la camiseta pesa, que la historia exige y que cada partido del Mundial se juega con algo más que fútbol.

Porque Argentina no es invencible. No es el equipo perfecto. No gana todos los partidos caminando. Sufre. Padece. Tiene momentos donde parece vulnerable. Pero tiene una virtud que pocos equipos tienen: cuando parece que está muerto, vuelve a aparecer.

Y eso desespera a los rivales.

Porque para ganarle a esta Argentina hay que hacer un partido perfecto. Hay que llevarla al límite. Hay que golpearla primero. Hay que tenerla contra las cuerdas. Y aun así, no alcanza.

A este equipo hay que matarlo para poder ganarle. Y ni así pueden ganarle.

Ya se palpita. El domingo, en New Jersey, el equipo de Lionel Scaloni enfrentará a España en busca de su cuarta Copa del Mundo.

Ya se palpita. El domingo, en New Jersey, el equipo de Lionel Scaloni enfrentará a España en busca de su cuarta Copa del Mundo.

La selección argentina sacó fuerzas de donde no existen. De donde cualquier otro equipo baja los brazos. Encontró respuestas en los momentos más difíciles y demostró que los Mundiales no solamente se ganan con calidad: también se ganan con carácter.

Messi sigue siendo el líder de una generación que no quiere dejar de competir. Lionel Scaloni volvió a construir un equipo que cree hasta el último segundo. Y los jugadores demostraron que tienen un compromiso enorme con esta camiseta.

Argentina está nuevamente en una final del mundo. Otra vez entre los dos mejores del planeta. Ahora espera España en Nueva York.

Queda un último partido.

Pero esta selección ya dejó una certeza: podrán ponerla contra las cuerdas, podrán hacerla sufrir, podrán intentar derribarla.

Pero mientras tenga una vida, Argentina va a seguir peleando.

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