Rosario: tensión y bronca contra el gobernador y el intendente en una multitudinaria protesta

La decisión del gobernador Perotti y del intendente Javkin, de participar de la movilización contra la inseguridad, no salió como esperaban. Debieron irse del lugar ante el enojo de los manifestantes.

La tensión subió de golpe durante el inicio de la protesta contra la inseguridad en Rosario, cuando el gobernador Omar Perotti, el intendente Pablo Javkin, y varios legisladores de distintos partidos recibieron una ola de insultos y empujones al hacerse presentes en la marcha, este miércoles por la noche en el Monumento a la Bandera.

Perotti se quedó unos minutos y decidió irse, cuando las críticas comenzaban a subir de tono. Entre gritos de “que se vaya”, el intendente de Rosario decidió quedarse en el lugar junto a un grupo de funcionarios y concejales de distintos partidos. En ese momento se vivieron momentos de suma tensión y Javkin tuvo que ser escoltado por la Policía mientras algunos manifestantes enfervorizados lo insultaban. Uno de los reclamos de los vecinos era que los funcionarios no enfrentan el problema y se esconden. La decisión del gobernador y del intendente de participar del reclamo no salió como esperaban. El coro de insultos era atronador al pie del Monumento a la Bandera.

Rubén, de 62 años, le gritó al intendente que sólo se dedicaba a hacer “pavadas”. Javkin le respondió que se equivocaba. “No tengo policías para garantizar la seguridad. Qué querés que haga”, le respondió. Entre el fervor de los manifestantes, varios familiares de víctimas de la inseguridad se acercaron para plantearle sus demandas, como los familiares de Gonzalo Molina, un joven de 20 años que fue asesinado el 7 de febrero pasado. “Mi hijo trabajaba en Aerolíneas Argentinas y parece que lo mató un fantasma. Nunca encontraron a los responsables”, afirmó Sandra Romero, su madre. “Que se vayan”, gritaba la multitud cuando el intendente y otros funcionarios municipales hicieron lo contrario a Perotti y decidieron quedarse a enfrentar las críticas. Los familiares de Joaquín Pérez –cuyo asesinato la semana pasada motivó dos marchas masivas–, entre ellos su esposa Indiana y su hermano Leandro, encabezaron el reclamo, después de un difícil duelo de ocho días. “Todos tenemos que movernos, que agitarnos, empujar a los políticos para que hagan algo. Si no tienen la presión de la gente, ¿por qué van a cambiar? Si vienen bien así”, advirtió Leandro, antes de la marcha, entre lágrimas, con el objetivo de que la protesta sea más masiva que las 8000 personas que se reunieron el jueves pasado en el barrio de Arroyito para reclamar mayor seguridad y justicia.

Esta nueva marcha se produjo por iniciativa de un grupo de vecinales de Rosario que convocaron el jueves pasado a una protesta por el crimen de Joaquín Pérez. Pero durante los últimos días la familia de la víctima tomó las riendas del reclamo.

Esta semana los parientes del arquitecto salieron por los medios a pedir que los rosarinos se plieguen a este nuevo reclamo en el Monumento a la Bandera. “Las balas no solo mataron a Joaquín, sino que asesinaron a un montón de personas”, afirmó Indiana, la esposa del arquitecto de 34 años, que fue asesinado el martes de la semana pasada cuando dos hombres le dispararon para robarle su auto, un Renault Clio modelo 2006, que abandonaron a diez cuadras de donde ocurrió el homicidio de Pérez. Herido con dos disparos, el arquitecto trató de llegar hasta su casa, que estaba a unos 50 metros de la cochera, pero murió minutos después, a pesar de las tareas de reanimación que le realizó un vecino que es médico. El asesinato de Pérez provocó conmoción en el barrio de Arroyito, donde vivía, y en todo Rosario. Este tipo de homicidio en ocasión de robo es poco común entre las historias que supuran de la violencia narco de Rosario. El 2% del total de 188 asesinatos que se produjeron en Rosario tienen como motivación el robo. Pero, como ocurrió en 2016, cuando estallaron las protestas de Rosario Sangra, este tipo de hechos genera una conmoción profunda en la población porque la víctima está ajena a los negocios del crimen organizado que son los móviles más comunes de los asesinatos en Rosario. “La gente está cansada y estamos todos cansados. Esto tiene que ser un quiebre, tiene que cambiar todo”, reclamó Indiana.

Desde el gobierno de Santa Fe trataron de tomar distancia de la bronca social que estalló en Rosario tras el crimen de Joaquín Pérez. En medio de la campaña electoral los partidos opositores tampoco se metieron en el debate por la seguridad. Los cánticos de “que se vayan todos”, como entonaba la gente en la marcha del jueves pasado, dirige el reclamo no sólo contra las autoridades sino que interpela a toda la clase política. Ningún dirigente, funcionario o legislador se animó a participar de aquella primera protesta. Desde el crimen de Joaquín, el gobernador Omar Perotti y las principales autoridades del Ministerio de Seguridad evitaron pisar la ciudad. Perotti dijo que la violencia en Rosario es “inaceptable”. El fin de semana, el intendente Pablo Javkin se atajó ante el problema al advertir que el municipio no tiene personal armado. De esa manera, le tiró la responsabilidad a la provincia. Y deslizó que, si alguna vez se concreta la autonomía de Rosario, la ciudad podría tener una fuerza municipal propia. El ministro de Gobierno de Santa Fe Roberto Sukerman, quien propuso en 2019 la creación de una policía municipal, lo cruzó fuerte y al señalar que el intendente busca “victimizarse”. Frente al reclamo social cada vez más multitudinario, el Gobierno de Santa Fe no tiene un amplio margen de maniobras. Hace tres semanas llegaron 575 gendarmes que fueron presentados por el ministro de Seguridad de la Nación Aníbal Fernández, pero aún no se vieron en acción, por lo menos la pregunta que surgió de los manifestantes en el Monumento a la Bandera fue: “Dónde están los gendarmes”.

El despliegue de los efectivos de esa fuerza se centra en los barrios de las zonas oeste y noroeste. Eduardo Macuglia, jefe de la Región II de la Gendarmería, aclaró el lunes pasado, tras reunirse con el intendente: “Muchos tienen la expectativa de que hagamos de policía comunitaria, pero somos gendarmes”. Y consideró que “hay zonas del conurbano de Buenos Aires mucho más violentas que Rosario”.

La calle está peligrosa no sólo porque se ven pocos policías realizando tareas de prevención, y los que están apostados en alguna avenida transitada están más pendientes de su celular que de lo que pasa alrededor. La gente no sólo reclama más policías, sino que haya otro tipo de predisposición del agente que lo debe cuidar. En el censo policial que se realizó el año pasado, basado en un trabajo del Programa Delito y Sociedad de la Universidad Nacional del Litoral (UNL) de Santa Fe, se observa que los propios policías perciben esa demanda, aunque no hagan mucho por cambiar la situación. Siete de cada diez agentes de la Unidad Regional II creen que es la de mayor presencia en el espacio público.

Más del 80% de los agentes consultados respondió que perciben poca confianza o directamente nada por parte de los vecinos para con la fuerza. Cuáles son las razones A esos ocho de cada diez agentes que no perciben confianza les preguntaron cuáles podrían ser las razones. La respuesta más elegida, por un 37,8% de los consultados, fue la corrupción policial; seguida por “la falta de presencia policial en las calles”, opción tomada por un 27,4% y luego otras relacionadas con la falta de efectividad y las demoras en responder a los llamados de emergencia. Según datos del Ministerio de Seguridad de Santa Fe, en Rosario hay 5400 policías, a los que se suman casi un total de 3000 efectivos federales. Esta ciudad es hoy una de las más custodiadas del país, pero las estrategias de prevención hasta ahora no funcionaron.

Fuente Aire de Santa Fe